martes, 20 de agosto de 2013

Lluvia (una prosilla rescatada del desván de mis olvidos)

Lluvia

al atardecer, me encontraba en casa sentada junto 

al ventanal abierto

Llovía apaciblemente, yo diría que hasta lánguidamente. 

Ya... ya sé que no es la palabra adecuada pero... 

yo así lo sentía.
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Pensaba al ver las gotas de agua salpicar a veces mi rostro, 

que era una lluvia triste.., su sonido me producía...¿tristeza? 

¡No! más bien una lánguida melancolía, también sentía una 

placidez que se colaba por todos los poros de mi ser.

Siempre me ha gustado la lluvia, yo diría que como si el hombre 

amado me meciese entre sus brazos, pero que cuando quiero

acariciarbesar, entre mis dedos se desvanece.



Entonces siento ganas de besarle, morderle, hacerle el amor, 

sin importarme que por hacerlo, tenga que morir después.

Es una sensación de placer y a la vez decepción, 

que finalmente desemboca en una agridulce sensación

de entrega no correspondida.



Entonces, mientras creía ver el llanto del cielo acariciándome...¡ 

le vi..! 

El ventanal de mi habitación donde me hallaba era grande y 

daba a mi pequeño pero bonito jardín, la verja estaba abierta, 

él se acercaba lentamente, balanceando su fuerte y bello 

cuerpo por la lluvia mojado.

Me miraba de un modo que me hizo enrojecer, 

me estremecí mientras mis labios temblaban, que mi corazón 

se iba a salir por mi boca.



Entro por el ventanal, en casa había gente, le puse el dedo 

sobre sus labios, en señal de silencio, 


y sin mediar palabra le beso y abrazo tiernamente 


¡creí desmayarme!

¡Cuanto lo había esperado! no sabía que había vuelto, 

aun lo hacía en su largo viaje al norte, hacia semanas 


que no nos veíamos...


Estaba empapado, lentamente y sin dejar de acariciarnos 

comenzó a desvestirse...

Yo deje deslizar mi bata al suelo y me quede desnuda, siempre 

duermo así. Sus ojos no se apartaban de mi acariciándome.

Yo besaba su pecho sin perder un solo instante, 


no quería desperdiciar ni un segundo.

La ropa mojada quedo en el suelo mientras me cogía en brazos

 





en volandas me depositaba en el lecho como si de un objeto 

delicado se tratase y tuviese miedo a que me rompiese.

Nos acariciamos recorriendo nuestros cuerpos milímetro 


milímetro...

Sintiéndose un niño...bebió de mis pechos, mientras mi lengua 

acariciaba su oído y mis dientes mordisqueaban su cuello.

Poco a poco las notas fueron subiendo el tono. 

Descendimos, recreándonos en nuestros ardientes cuerpo, 

y mi vientre lo recibió ardiendo de pasión, beso lamió mis 

muslos, mientras mis gemidos se unían a sus susurros 

suplicantes...

Jugué y me deleite bebiendo de su fuente...Terminamos 

entrelazados, yo temblando

de pasión arañe su espalda, mientras el mordiéndome 

suavemente se hundía en mi cuerpo.






Sentí su cálida esencia poseyéndome por entero y un 

estremecimiento recorrió todo mi cuerpo


Nuestros gemidos se confundían entre aquel delirante apogeo, 

fue, fue...

¡Como una eclosión de todas las flores del mundo entero!




Y entonces fue cuando oí un ruidito, por poco caigo de mi 

mecedora...Yaya... ¿cuando he de venir a cenar?

Fue un despertar...¡Que aun me quema en el cuerpo! 

¡Que aun hoy no he podido olvidar!


María Sena.
17/07/2011

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